jueves

LOS TRAJES A LA BASURA


Había una vez dos trajes de 1972, uno azul y otro marrón oscuro, que habían sido de mi tío y heredé porque nadie los quería y para mí eran magia pura, porque entallaban perfecto y me permitían usarlos cada vez que había una ocasión para eso: un recital, una salida con estilo o, como es el caso de este domingo, una sesión de fotos en la que me habría gustado usarlos nuevamente, como en los viejos tiempos felices.
Por una cuestión de espacio en mi armario, hace unos meses tuve que tomar la decisión de llevarlos a la casa de mis padres, a mi antiguo cuarto, donde esperarían la ocasión de volver a ser usados. Qué mejor oportunidad que esta nueva sesión de fotos, ambientada en un cementerio y con estética victoriana.
Pues no. Hoy hablé con mi madre y le dije que necesitaba los trajes. "Me parece que no están más los trajes", me dijo. Como sin haber escuchado la respuesta, volví a decir que los necesitaba, que necesitaba mucho esos trajes. "No recuerdo que estén ahí, creo que los tiramos", me dijo. Por más esfuerzo que hiciera para negar esa realidad horrible que aparecía ante mis ojos, la idea de los trajes en la basura me partía el alma. Hice un último intento, diciéndole que hace unas semanas subrayé puntualmente la necesidad de que nadie se deshiciera de esos trajes, porque eran muy valiosos para mí, no así el resto de la ropa que había dejado en ese armario. "Creo que los tiramos, se los iban a comer las polillas", fue la respuesta fatal.
Hace poco más de cuatro horas que no puedo evitar pensar en esos trajes desperdiciados entre un montón de basura. Ni siquiera me contentaría saber que alguien los encontró y pudo darles el uso que a mí se me niega, porque esos trajes eran míos, eran un tesoro que guardaba orgulloso y que quería me acompañara hasta la muerte. Incluso ahora pienso que el traje azul bien podría haberme acompañado a la tumba, para darme ese último gusto aunque más no fuera en la hora de mi muerte.
"Creo que los tiramos, se los iban a comer las polillas", fue la respuesta fatal. Mis trajes, a la basura, por la mínima posibilidad de que una tosca polilla pudiera lastimar una pequeña parte de aquel tesoro ya perdido...

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