miércoles

CHABÁN


La primera vez que vi a Chabán en carne y hueso me quedé asombrado, casi iluminado. Yo tenía unos 15 años, no mucho más. Por entonces me gustaba la aventura de tomarme el Río de La Plata, que atravesaba todo el conurbano porque todavía no existía la autopista hacia Buenos Aires, y terminar con mi amigo Diego, que vivía en Once, yendo a alguno de los recitales que nos salvaban el fin de semana y realmente nos colmaban. Tenía que convencer a mis viejos, primero, porque viajaba los viernes después del colegio y volvía los domingos a la noche, y con 15 años o tal vez un poco menos no era fácil ganarse esa confianza. Pero eran otras épocas, un poco distintas al presente inseguro por donde se lo mire. Subía al Río -como le decían- y la noche lo envolvía primero en Berazategui, en el Barrio Pepsi, después en Avellaneda y finalmente en Plaza Miserere, donde bajaba y caminaba unas diez cuadras para llegar a lo de Diego.Él ya tenía el plan hecho cuando yo llegaba: si no era una fiesta en casa de alguno de sus amigos era un recital en alguno de los mejores antros que conocí en mi vida. Ya no hay lugares así. Gracias a esos viajes de pibe conocí Cemento, Die Schule, El Dorado, Dr. Jeckyll y otros que no me acuerdo ahora pero que me encantaban. A Cemento fue donde más fui. En aquellos viajes seguíamos a Todos Tus Muertos, Los Brujos, Peligrosos Gorriones, Martes Menta, Babasónicos, un sinnúmero de bandas punk, los primeros Juana La Loca y otro costado más electro en otros lados (me acuerdo algún show de Estupendo y se me pianta un lagrimazo).Yo era muy fanático de Los Brujos, que tocaban seguido en Cemento y me iba siempre a verlos. De aquellos shows tengo el recuerdo de una cicatriz en la rodilla, producto de una pésima coordinación en un mosh, y un par de corridas cuando caía la policía y sabíamos que éramos bastante pibes como para estar ahí.Una noche, mientras tocaban los Muertos -casi seguro eran ellos-, se había puesto tensa la cosa en el sector de la barra, justo después de la puerta de ingreso, con unos pibes que empezaron a amenazarse entre sí. Cuestión de ebriedad y de adolescencia, era común la piña y después de eso las dos partes, vencedores y vencidos, seguían viendo el show como si nada. Y recuerdo que fue Chabán el que se metió en el conflicto. No sé muy bien qué les dijo, pero sí me acuerdo que Diego me lo marcó, me dijo que era Chabán, el dueño de Cemento, una especie de figura mítica para el rock vernáculo. Yo tenía el nombre "Chabán", lo tenía de cada página leída en las revistas que leía por entonces y de escucharlo en la radio cuando algún músico hablaba de él y contaba alguna anécdota de esas que le ponen pimienta a la historia más sencilla. En medio de aquel conflicto casual, de esa discusión entre pibes en un boliche, la figura de Chabán era parte de una historia que me habían contado y que estaba viendo frente a mis ojos.Cuando Chabán terminó de hablarles, el conflicto había quedado chiquito, porque los pibes siguieron haciendo cada uno la suya y se perdieron entre la gente. Yo me quedé mirándolo, se paró a mi lado con los brazos cruzados. Miraba cada rincón, hablaba con los de la barra para arreglar algunos precios de la birra y se subía a unos bancos enanos que había en el medio de esa parte del boliche como una estatua. Esa noche me miró porque yo lo miraba. Me clavó la mirada y para rematar arqueó las cejas diciendo algo así como "¿qué pasa, rulos?". Yo tenía rulos, je.Con lo que pasó en Cromañón se me revolvieron todas estas cosas. Para mí, para el recuerdo que tengo de esas noches en Cemento, Chabán era un tipo que estaba en todos los detalles y que al fin y al cabo no era mal tipo, no era como el resto de los garcas que fui conociendo después, en los recitales que siguieron a esas primeras salidas.Hoy, cuando lo sentenciaron, sentí que algo de todo eso se había roto. Y no hablo de justicia ni de injusticia, porque no estoy hablando de eso. Hablo de aquella sensación que me quedó en el alma la primera vez que vi a Chabán, la sensación que permaneció las otras veces que lo vi, el recuerdo que me quedó de su nombre, y la caída que reflejan hoy los medios. Son raras las armas con las que el pasado sacude al presente... y viceversa.

No hay comentarios: