viernes

LA CALMA, LA FURIA DEL MAR

"Deja una marca en el pecho,
efímero el aire que exhalo.
Los días se amontonan,
se confunden
unos con otros y contra otros,
los días, la sucesión de preguntas.
Son los ojos cansados,
el pulso roto,
las altas horas que pierde el sueño,
el silencio de la voz, el movimiento de los dedos,
la marca en el pecho,
efímero el aire que exhalo.
La luz cae sobre las calles
como el agua pesada,
su imperio, su vasto imperio
y el letargo en horas de vigilia.
Futuro absurdo,
pasado y presente
moribundo,
la orilla cruel de la tristeza".

domingo

ROY


Hay una gran anédota referida al grandísimo Roy Orbison y contada por Johnny Cash en una de sus autobiografías (lo que destaco de Cash es su forma de encarar las autobiografías como selección de anécdotas dispersas, que es como deberían ser este tipo de textos, como están en la cabeza). La anécdota parece mostrarlo a Roy como dicen que era. Dice Cash sobre él:
"Le vi por última vez unos meses antes de su muerte, y ahí empieza mi anécdota favorita de Roy Orbison. Entre otras cosas, hablamos de peinados. Le dije que siempre había admirado cómo vestían y se peinaban en la época de Thomas Jefferson y Andrew Jackson, y ahora quería llevar el pelo como lo llevaba Jefferson, en una coleta atada con una cinta negra. "Veré si convenzo a June para que me deje crecer el pelo lo bastante", le dije. Roy pensó que era una gran idea. "Sabes qué? -dijo-. Si tú lo haces, yo también". Era una gran idea, pero me acobardé y nunca más hablé con Roy de ello. Le vi una vez más cuando acompañé a Wesley (su hijo) a la funeraria donde habían dispuesto a Roy para que le visitaran familiares y amigos. Wesley no quería ver a su padre muerto y no se aproximó al ataúd. Yo me acerqué y me incliné para darle un último vistazo a mi viejo amigo. Cuando le vi no pude aguantarme; empecé a reír. ¡Aquel hijo de su madre lo había hecho! Allí, sobresaliendo bajo su cabeza, había una pequeña y cuidada coleta, y estaba atada con una cinta negra.