lunes

EL PODER DE SÍNTESIS


Para decir lo mismo, las cinco personas seleccionadas recurrieron a cinco estructuras discursivas muy diferentes entre sí. El sujeto 1 habló pausado, enumeró cada detalle y hasta olvidó lo que estaba diciendo a mitad del test. El sujeto 2 habló con fluidez, no se detuvo en los detalles y con tres oraciones relativamente cortas logró transmitir el concepto. El sujeto 3 no supo mantener una línea discursiva, y si bien comenzó apuntando de manera directa a transmitir el concepto, se distrajo con detalles de último momento que aburrieron al jurado. El sujeto 4 quiso ser original y recurrió a una variante oral nipona, que le permitió transmitir el concepto con cuatro sílabas, aunque fue descalificado porque el jurado no permitió el uso de otra lengua que no fuera el español. Finalmente, el sujeto 5 tuvo un admirable poder de síntesis, mucho mayor que el sujeto 2, sedujo además a la presidenta del jurado con pestañeos sutiles y cuando hubo transmitido la idea bromeó sobre las distintas formas de llevar un paraguas cuando llueve. Esto nos demuestra que el poder de síntesis existe, es efectivo y sólo los que saben aprovecharlo pueden aspirar a escalar posiciones en esta vida rebuscada.

viernes

PEDIR UNA AUDIENCIA


Para pedir una audiencia con el Jefe hay que enviarle un e-mail al jefe explicándole cuáles son los motivos por los que el empleado solicita una audiencia con el Jefe. Ese e-mail es leido por el jefe, quien nos llama a su oficina y nos invita a sentarnos cómodamente en su incómoda silla para empleados de paso transitorio. Nos cuestiona los motivos de la audiencia, a veces con sutileza y otras con cierta violencia incontrolable, y trata por todos los medios de hacernos ver que nuestros motivos no son tan pesados como para solicitar esa audiencia con el Jefe. Entonces, si logramos convencerlo -tarea difícil, como una prueba de los dioses para el empleado y su odisea- el jefe envía el reclamo al Jefe, adjuntándole una introducción un tanto formal en la que prácticamente nos deja indefensos ante cualquier enojo del gran Rey de nuestro ámbito de trabajo. Al cabo de cuatro o cinco semanas llega un e-mail a nuestra casilla en la que la Secretaria nos informa que el Jefe está dispuesto a recibirnos en su Despacho, ese mismo día y en un par de minutos. Sin tiempo para resolver estrategias de último momento, el empleado sube hasta el segundo piso y se hace notar ante la Secretaria, que simula verlo y no verlo al mismo tiempo y nos pide que esperemos. Cuando la Secretaria decide que ya esperamos lo suficiente -nunca es demasiado- nos dice que pasemos, que el Jefe nos recibirá en su Despacho. Ante nuestros ojos aparece entonces la figura del Todopoderoso, sentado a su trono de burócrata espacial, frente a su escritorio donde todo signo es fálico y toda palabra le pertenece. Nos preguntará cuál es nuestro reclamo, escuchará las primeras líneas de nuestra queja, interrumpirá con su forma de ver las cosas, nos dirá que él hará lo posible por solucionar lo que a toda vista ya es un reclamo injustificado. Nos dará su mano, veremos su anillo dorado brillar más que nuestras lágrimas y sin decir que nos está echando de su Despacho entenderemos que la hora de volver a nuestra oficina ha llegado, y con ella el tiempo volverá a seguir su curso, como siempre, como todos los días de aquí y hasta el fin de los días.

Putear


Uno de los insultos que más me gustan es el de "andate bien a la concha de tu madre", con sus variaciones ("andate a la concha bien de tu madre", "andate a la concha de tu hermana", "te podés ir a la recalcada concha de tu puta madre", etcétera). También destacan "Sorete", porque es melódico y pesado, "Forro", porque suena hiriente, "Mierda", porque sustantivado hacia alguien desmerece de inmediato, y "Salame", porque es inocente pero no hay con qué darle. El clásico "Pelotudo" es ya un señor insulto, muy usado pero que no deja de tener peso. No me gusta "Puto" ni "Boludo", el primero porque hay muchos putos y ya no suena a insulto y el segundo porque se usa todo el tiempo como quien dice "Che" o "Digamos". De los que se usan poco y me gustan destaco "Infeliz", que es melodramático y te anula. Lo mismo para "Inútil", que en su variante de "Cero a la Izquierda" adopta la forma para enunciarlo en salón. "Inservible" es algo más tosco, pero para el caso sirve. "Feo" es genial, desmerece de inmediato en una sociedad donde la belleza es tan valorizada, con justificación. "Incogible" actúa de igual manera pero se refiere más al acto sexual que nunca será concretado por la fealdad del destinatario, a su pesar. "Andate a lavar las tetas" me da risa. "Andá a hacerte coger por un burro" también me da risa, sobre todo por su cercanía al dadaismo. De los conjugados uno de mis preferidos es "Malparido". También me gusta "Tragasable" pero sólo porque me resulta ingenioso y melodioso. La expresión "Negro de Mierda" roza el racismo, pero como insulto es muy común y no me desagrada. "Conchudo" es bueno pero creo que pasó su cuarto de hora.Agrego al final un fragmento de una nota muy pelotuda aparecida en el ingenuo suplemento Si! de Clarín: "En la Argentina, la escuela es el segundo ámbito más discriminatorio (después del trabajo, lo dice una encuesta del Instituto Nacional contra la Discriminación, el INADI). Una historia reciente de la cultura pop resume los pesares del "bully" (con películas y videojuegos titulados así, Bully), pero más que una anécdota para explicar adolescencias conflictivas, el insulto es una pesadilla cotidiana que empieza cuando empieza el día: a las 7.20, el horario tan absurdo como nocturno en que abren los colegios. Mientras se difunde el dato de que el 10 por ciento de la población argentina hoy viene del Paraguay, Bolivia o Perú, una encuesta del Sí! entre 1.200 alumnos secundarios devela una idea aberrante de "supremacía blanca" para elegir el agravio: "Ser un negro de mierda lo determina las cosas que hace una persona", explica Ignacio (17), alumno del Nacional Buenos Aires: "Usar llantas con resortes y gorra constituyen el identikit del cabeza"."