Tratando de evitar cualquier cuestionamiento por parte de otros seres humanos, el señor de bastón de madera y sobretodo negro caminaba las calles queriendo pasar desapercibido. Invisible para sus adentros, no levantaba la vista cuando otra persona caminaba en sentido inverso por la misma acera y jamás compraba siquiera alimentos en los muchos locales de la avenida principal.
De su casa al depósito de papeles y del depósito de papeles a su casa, transportaba pilas de cuadernos que servían para su propósito elemental: conseguir resumir la única respuesta en una sola oración sin puntos ni comas. Se alimentaba desde hacía meses con el moho que crece en los ventanales que dan a la sombra, porque en la ciudad el clima es húmedo y favorece la aparición de esta singular flora microscópica.
Entregado por completo a su tarea, el señor que tenía miedo a las preguntas trabajaba día y noche, dormía unas pocas horas y cuando finalizaba un cuaderno salía en la búsqueda de otro, apurado para no perder el hilo de la frase, temeroso también porque no quería ser preguntado.
Cierta noche en que su lápiz llegó al fin de la última hoja, tomó su sobretodo negro y su bastón de madera y salió a las calles con la prisa y el cuidado de siempre. No esperaba que a pocos metros del depósito de papeles iba a encontrarse con Lara.
—¡Cristian Adorno! ¡No puedo creer encontrarte así como así después de tantos años! —dijo ella y pareció como si un puñal brillara ahí en la oscuridad de la calle. Cristian pensó en huir, pero no pudo.
—Estoy trabajando en un proyecto colosal y no puedo detenerme a conversar contigo, lo siento —se apresuró a decir antes de que Lara le preguntara algo, cualquier cosa, la mínima pregunta.
—Siempre tan loco vos, como cuando éramos jóvenes —dijo ella.
—No puedo quedarme a conversar contigo, lo siento —repitió él. Tras un leve movimiento de cabeza, dio marcha atrás sobre sus pasos y se perdió entre las sombras de las calles.
Días después de aquel episodio, Cristian Adorno fue encontrado casi inconciente, desplomado entre papeles, en su casa. Había acabado su obra, tras doscientos doce cuadernos en los que conseguía la única respuesta, sin puntos ni comas. La sospecha de los vecinos desembocó en el llamado a la policía local.
Tras derribar la puerta, el joven efectivo que daba sus primeros pasos en la fuerza se acercó velozmente hasta nuestro hombre.
—¿Se encuentra usted bien? —preguntó. La pregunta acabó con la vida de Cristian Adorno.
Actualmente los cuadernos son materia de estudio por parte de prestigiosos historiadores y hombres de fe de todo el mundo, en lo que se conoce como Pacto de Cristian Adorno.
Dice la edición de hoy del periódico norteño El Sol: "Aunque poco se sabe sobre el Pacto de Cristian Adorno, altas fuentes han revelado que allí podría encontrarse la respuesta a muchos interrogantes que la ciencia no ha podido descifrar todavía". Lara, que me ha alcanzado el periódico a la cama, asegura que no confía en lo que dicen los periodistas.
La pregunta es
-
Pocas cosas más sensuales que la inteligencia. El sentido del humor quizás,
alguien que te escuche con atención y luego lo recuerde tiene lo suyo,
algui...
Hace 7 años

No hay comentarios:
Publicar un comentario